A Karim Benzema siempre le ha perseguido la sensación de que su talento iba por delante de su compromiso.

Le ha ocurrido constantemente en el Real Madrid, donde la mayoría de la afición reconoce su calidad, pero discute su indolencia, y también ha tenido que cargar con feroces críticas en Francia. Con los "Bleus" llegó a sumar 1.224 minutos sin marcar, desde el 5 de junio de 2012 hasta el 12 de octubre de 2013.

Eran momentos difíciles, en el que se le acusó de todo. No marcaba goles, no cantaba el himno...

Pero todo cambió justo a tiempo. Aconsejado por Zinedine Zidane, Benzema se ha ido asentando. Fue vital en el repechaje, el que rescató a Francia para el Mundial y, en Brasil, ha recuperado la sonrisa. Se siente importante.

A ello ha contribuido la lesión de última hora de Franck Ribery. Sin "caracortada", la selección francesa se encontró huérfana de líderes. Y encontró a Benzema.

Benzema ha aceptado su condición de líder y sus cifras son incontestables. Ha marcado tres goles en dos partidos y podrían ser más, porque hoy, ante Suiza desperdició un penalti y un par de segundos le separaron de un golazo desde fuera del área. El árbitro señaló el final justo cuando el delantero había comenzado el remate. Cuando entró en la portería de Diego Benaglio, ya había concluido el partido.

Pero Karim es mucho más que eso. Hace jugar a su equipo, fija a la defensa rival, descarga el juego hacia la segunda línea, donde cuenta con un socio Matthieu Valbuena, con una gran visión de juego y potente disparo. Además, ha dado dos asistencias de gol.

Benzema es el líder francés. Se divierte con la selección más ofensiva del Mundial y está dispuesto a convertirse en protagonista.

Sus declaraciones, después de ser nombrado el mejor jugador del partido por segunda jornada consecutiva, dejan clara su implicación con el equipo: "Mi cabeza está al cien por ciento en el Mundial, pero aún puedo hacerlo mejor. Es mérito de todo el equipo, no soy yo solo".